Josep Planas i Montanyà

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La vida de Josep Planas es una vida marcada por la utopía turística. Es también la vida de un atleta accidental, la de un empresario que se tropieza con el éxito de manera casual, la de un hombre que descubre la poesía a través de la imagen. Josep Planas i Montanyà es, entre muchas otras cosas, un fotógrafo y un coleccionista compulsivo. Es también el fundador de Casa Planas. Y en los archivos de Casa Planas descansa una parte importante de la historia del turismo en España.

En realidad sería muy atrevido decir que Josep Planas fue el inventor de la postal. Sí fue, no obstante, el primero en entender que su elaboración debía realizarse desde una perspectiva industrial. Planas abrió su primera tienda en 1947 y cerró la última en 2002. Tras casi seis décadas de actividad ininterrumpida, su archivo dormita ahora junto a las ruinas del viejo cine Lumière. En el almacén de Sant Ferran está su vida entera: la pasión por el mar, el descubrimiento del souvenir, un atardecer con cuarenta años de historia, un helicóptero, una corresponsalía –la de Televisión Española– y los vestigios de veintidós establecimientos dedicados a cultivar una fantasía colectiva: la del turismo como forma de evasión.

La Mallorca que recibe al joven Planas en octubre de 1945 atraviesa momentos de dificultad, empobrecida como lo está el resto de España después de la guerra. Es una Mallorca de población envejecida, con una economía agraria en crisis y un sector industrial que no despega, si bien es cierto que el estraperlo ha generado y consolidado algunas fortunas locales.

Ya en Palma, la familia Planas escoge como lugar de residencia los barrios de la pequeña y mediana burguesía local que antes de 1936 habían sido lugares de veraneo de la población autóctona y extranjera. Primero se instalan en la parte alta del Terreno y más tarde en Son Armadans. Los cambios de residencia reflejarán la prosperidad económica de la familia Planas, una fortuna lograda progresivamente desde los años cincuenta que simboliza la transformación que también sufrirá la isla, pasando de la crisis a la euforia gracias al boom turístico.

Poco a poco Casa Planas se convierte en un negocio de estructura piramidal cada vez más rentable económicamente. Entre los motivos está el hecho de intentar adelantarse siempre a la demanda y la complicidad extrema –casi en régimen de monocultivo– que Casa Planas mantendrá con el sector turístico. De este modo, Planas adquiere una motocicleta (una Lube) que le permitirá desplazarse rápidamente, y un coche descapotable que, además de sorprender a la población local, le resulta útil para retratar determinados acontecimientos. Poco después inaugura toda una serie de establecimientos en el centro y en los barrios periféricos de Palma, lugares como Son Alegre o Can Pastilla, que con el tiempo se convertirán en centros turísticos de primer orden.

El imperio de Josep Planas se consolida porque la coyuntura local le sonríe. Además de coincidir con el nacimiento del turismo de masas y con el despegue de la industria hotelera, Planas mantiene buenas relaciones con los medios de comunicación locales y extranjeros, posee un negocio muy diversificado y tiene la osadía de comprar un helicóptero. No obstante, Casa Planas es uno de los muchos ejemplos que generará el despegue económico de la España desarrollista del régimen franquista.

En esta coyuntura, el grueso de la producción fotográfica y cinematográfica de Josep Planas está elaborada pensando en el turista, en la industria hotelera y en las instituciones y empresas que apoyan la transformación de la isla en un destino de ocio y descanso de primer orden. Por eso precisamente Josep Planas también mantuvo buenas relaciones con la llamada prensa de evasión.

Planas asume importantes riesgos empresariales porque mantiene una fe ciega en las posibilidades de crecimiento de la Mallorca de los años sesenta –que es la del boom turístico– y porque conoce el potencial ilimitado de la imagen en una Europa que vive un momento de bonanza económica, que busca espacios cercanos de descanso y entretenimiento y que necesita transmitir el entusiasmo del momento (a pesar de la Guerra Fría) a través de los medios de comunicación.

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Los reportajes de Casa Planas pertenecen a los ámbitos del encargo y de la producción propia. En conjunto tratan acontecimientos de todo tipo –desde bodas y bautizos a retratos escolares, actos sociales o turísticos, noticias institucionales o actualidad deportiva, por ejemplo–, pero se pueden clasificar en dos grandes grupos: el reportaje social y el reportaje periodístico. Consecuentemente, las imágenes se integran en géneros bien definidos y se adecuan a los códigos icónicos establecidos y a los gestos retóricos habituales, rasgos que van modificándose sutilmente según el momento histórico. Directa o indirectamente, de un modo más o menos explícito, las imágenes remiten directamente a la época en las que se hicieron, es decir de forma general a la Mallorca del período 1945-1970 y concretamente tanto al contexto autárquico de la posguerra como al desarrollismo de los años sesenta.